El colectivo Malacate Taller Experimental Textil se une a RAIZS Artisanat Solidaire para preservar un arte mexicano sostenible

El motivo de mi llegada a Sots’ Leb —nombre original del municipio de Zinacantán en el estado de Chiapas— fue para desarrollar mi investigación de licenciatura sobre la artesanía textil como medio de transmisión y resistencia cultural, la cual se convertiría después no solo en un interés individual, sino en un proyecto colectivo de vida.

Llegué por mi cuenta al municipio de Zinacantán. Y así mismo me presenté ante las autoridades civiles y religiosas correspondientes a quienes mostré la carta formal de pedimento que mi universidad extendiera, carta que expresaba tanto mi interés como la solicitud de autorización para realizar mi trabajo.  Una vez teniendo la autorización me enfoqué en buscar un lugar para vivir en Zinacantán. Sin conocer a nadie en la región, decidí tocar puertas y exponer mi necesidad casa por casa, y fue así como después de unos días encontré el espacio donde podría permanecer y compartir mi estancia de campo. Fue la familia Martínez quien me brindó su casa para vivir con ellos. Los días vividos a su lado marcarían en gran medida los años siguientes de mi estancia en Chiapas. Así comencé mi trabajo de campo. Día a día fui conociendo a otras familias y compartiendo la vida cotidiana con las tejedoras zinacantecas y tuve la fortuna, desde un principio, de conocer a mujeres que incluso hoy siguen marcando el rumbo de mi camino.

Durante un primer periodo de tres años, y todavía estudiando la carrera de Antropología con especialidad en Etnología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, pude compartir con ellas la vida cotidiana, lo cual me permitió conocer los procesos detrás no solo de la práctica textil sino la vida de las mujeres y sus familias, los códigos y prácticas culturales de la cultura zinacanteca, su manera de ubicarse y relacionarse en su territorio y su forma de ver el mundo.

Las tejedoras vivían y tejían, es decir, cada una tenía una historia colectiva dentro de su comunidad, pero también una historia personal como mujeres y es en ese sitio donde desde un principio encontramos —a pesar de nuestras diferencias culturales y formas de ver el mundo— un punto en común: el ser mujeres y tener historias semejantes. Las historias de las mujeres zinacantecas con las cuales compartí muchas veces fueron un espejo de mi historia personal, al final me di cuenta de que en esa búsqueda por comprender al ̔otro̕ uno termina viéndose a sí mismo, confrontándose y cuestionando su propio pensamiento y su realidad. En mi caso en Zinacantán, me reflejé en la vida de las mujeres zinacantecas y me reconstruí a su lado, nos reconocimos como mujeres y creamos un espacio entre nosotras para en un primer momento soñar y planear la posibilidad de hacer y caminar juntas.

Uno de los resultados de esta experiencia fue la culminación de la investigación y su presentación para titularme en la universidad. Posteriormente regresé al municipio de Zinacantán a entregar los resultados a algunas de las familias con las que estuve y a la biblioteca del municipio para su acervo y para darle el uso que ellos decidieran. Para mí eso era tan solo una parte de la reciprocidad y de algo que debería ser la norma: regresar con aquellos que me permitieron realizar el trabajo, pues finalmente gracias a todas las personas involucradas yo había podido desarrollar una investigación que a fin de cuentas era para ellas y ellos. Sin embargo, como narré líneas arriba, esa primera estancia en Zinacantán marcó mi camino. Así que decidí volver y quedarme a vivir en los Altos de Chiapas, comprometiéndome con el que se convertiría en mi proyecto de vida a lado de las tejedoras. Esta decisión implicó un cambio profundo que incluyó dejar atrás todo lo que hasta ese momento tenía en la Ciudad de México. Así pues, les propuse a las tejedoras, con quienes ya tenía una relación de amistad, organizarnos y sumar esfuerzos y conocimientos para intentar transformar nuestras vidas.

Las mujeres y familias con quienes comencé a trabajar no estaban organizadas en cooperativas ni colectivos, por el contrario, eran familias en franca desventaja frente a otros grupos de mujeres que sí estaban organizados, que tenían acuerdos con el municipio y con agencias de viajes que llevaban turistas a sus hogares para que les compraran su artesanía textil. Desde que llegué al municipio decidí trabajar con aquellas mujeres pues a través de la cotidianidad compartida conocí los obstáculos que enfrentaban día a día, muchas de ellas no tenían la posibilidad de vender en su propia comunidad pues, como mencioné, algunas familias y grupos tenían acaparado el mercado. Otras mujeres no podían bajar a San Cristóbal de Las Casas a vender su trabajo pues no tenían los recursos económicos y únicamente exhibían sus piezas textiles en sus casas esperando a que algún visitante llegara. Fue en este panorama que decidí organizarme con ellas y en un primer momento comenzar a difundir el arte textil fuera del municipio y del estado.

 

 

 

 

 

Figura 1. Familia Hernández. Trabajo de campo. Zinacantán, 2007. Karla Pérez Cánovas.

Fue en 2010 cuando de manera formal y desde la Antropología Aplicada, decidí crear el proyecto Malacate Taller Experimental Textil, los primeros objetivos surgieron de la realidad e inquietudes expresadas por las mismas tejedoras de la región Altos. Muchas de ellas estaban acostumbradas a recibir, del gobierno y sus instituciones, recursos de programas que solo resolvían momentánea y parcialmente sus necesidades básicas, sin embargo, cuando no se tenían estos recursos las tejedoras se enfrentaban a un gran obstáculo y deseaban encontrar los medios para adquirir su independencia económica, lo cual resultaba todo un desafío pues ante los ojos de sus familias y en especial de sus esposos, esto no era bien visto. Ellas deseaban generar ingresos para todas y para sus familias sin tener que depender de nada y de nadie. Fue así como a pesar de las implicaciones decidimos juntar nuestros esfuerzos y conocimientos aportando cada una lo que sabía, lo que la vida hasta ese momento nos había permitido aprender y así sembramos nuestras primeras semillas.

Partimos de cero. Fue y sigue siendo un proceso de concientización y reflexión sobre el valor que tenemos como mujeres. Para mis compañeras ha implicado reflexionar acerca de la importancia que tienen como portadoras de conocimientos tradicionales transmitidos   de generación en generación, y a la par comprender el valor que tienen los conocimientos de  mujeres que pertenecen a otras culturas. Ser conscientes de la importancia que las mujeres tenemos en el mundo y el poder que tenemos para transformar nuestra realidad. Entender y creer en nuestro valor es lo que posteriormente nos llevaría a aprender  juntas a trabajar en colectivo. Porque habrá que entender que efectivamente en el contexto cultural de las tejedoras existe una manera específica de vivir dentro de sus comunidades, con roles establecidos, reglas y códigos concretos sobre el ser mujer dentro de ella. Distinto es aprender y tener la voluntad a organizarse en colectivo con mujeres de diferentes culturas y en la construcción de la colectividad también encontramos obstáculos pues en ocasiones no nos entendíamos, no solo por ser mujeres de distintas culturas, sino por las maneras de entender por qué, para qué,  hacia dónde queríamos caminar y desde dónde queríamos construir esa colectividad.  Cabe mencionar que en un primer momento lo que las tejedoras querían era vender y tener el dinero necesario para cubrir sus necesidades, ese era el interés de la mayoría, interés comprensible, dadas las condiciones de pobreza real en sus comunidades, donde no existe el tiempo para procesos de reflexión sino la necesidad de actuar día a día para resolver lo inmediato. Sin embargo y pese a esto, a través de procesos de organización  las tejedoras han ido definiendo y resolviendo la intensión de compartir en colectivo con otras mujeres no solo las de su familia nuclear o extendida, y han pasado de un objetivo económico a diversos intereses, proyectos y metas que las mantienen unidas. La toma de decisiones con  valor aunque se sienta miedo, aunque  esas decisiones muchas veces impliquen ir en contra de la costumbre dentro de sus comunidades,  el desear una vida diferente para sus familias y para ellas mismas fue lo que  nos llevó a emprender el camino con nuestros propios recursos y sin ningún tipo de financiamiento, de forma autónoma y autogestiva.

 

 

Figura 2. Grupo base fundador de Malacate Taller Experimental Textil. Isaac Guzmán Arias.

 

Figura 3. Saber/ Hacer. Antropóloga Karla Pérez Cánovas, Teresa Vásquez y María. Paraje de Nachig, Zinacantán. Isaac Guzmán Arias.

 

Dentro de Malacate Taller Experimental Textil mi quehacer y aportación como antropóloga es la reflexión desde la investigación textil de la vida cotidiana de las tejedoras y bordadoras  dentro y fuera de sus contextos culturales, el valor de sus conocimientos, el análisis de problemáticas en torno a la práctica textil y la búsqueda y diseño de posibles soluciones a las mismas. En este sentido, en 2012 comencé una segunda investigación sobre la transformación de la artesanía textil a través de su mercantilización entre diseñadoras y tejedoras en la región Altos de Chiapas, misma que derivaría en mi tesis de maestría. Con ello quería entender junto con mis compañeras ¿qué sucedía? pues veíamos desde años atrás que el arte textil de nuestro país se ponía de moda y en los Altos de Chiapas se comenzaba a vender y a utilizar de diferente manera a la que ellas estaban acostumbradas. Esto generaba que muchas veces a las tejedoras no se les reconociera como portadoras de conocimientos tradicionales y dueñas de los mismos, su trabajo se descontextualizaba y se resignificaba de una forma que no era la  propia. En ese tiempo varios proyectos emergentes de diseñadoras y diseñadores en la región se estaban gestando o llevaban poco tiempo de haber sido conformados, algunos de ellos son: Chamuchic, El gato con los pies de trapo, Proyecto Artesanía, La Compré, Pepen, Maya Kotan, Corazón Artesanal , La Milpa, incluso la  ONG Aid to Artisans Mexico (ATA) comenzaba a trabajar con algunas tejedoras en la región aunque  si bien la organización desde 1930 llegó a nuestro país, fue poco antes del año 2012 que comienza un nuevo proyecto en la región de los Altos de Chiapas.

En ese mismo año, con el camino y experiencias adquiridas a través de la producción por pedidos especiales para diferentes tipos de clientes, decidí y propuse a mis compañeras crear líneas de indumentaria con cada grupo de tejedoras que integraban el colectivo,  prendas textiles cuyo  diseño se basaran en la iconografia , técnicas y confección  locales y propias de mis compañeras. Así es como nació el proyecto de reactivación de técnicas y diseños tradicionales desde la investigación textil. La comunidad donde se comenzó a trabajar fue el paraje de Nachig perteneciente al municipio de Zinacantán, trabajando con piezas y  lienzos rituales que una de las compañeras de mayor edad había elaborado y conservado. Así también, haciendo uso de una pequeña colección personal de prendas textiles antiguas que adquirí durante mis estancias en Zinacantán, comenzamos a rescatar, reproduciendo dicha iconografía antigua en las blusas zinacantecas, la técnica de bordado a mano que se realizaba entre 1890 y 1990, llamada por algunas personas ̔panal̕.

Es entonces que haciendo este ejercicio de memoria utilizando textiles tradicionales de mis compañeras y la colección personal que he ido adquiriendo a través de los años, que hacemos uso de esta metodología y actualmente trabajamos en el municipio de Huixtán con la técnica de plisado aplicada a la blusa llamada ts`isom que únicamente se utiliza para el Carnaval del municipio en una de las prendas que portan los hombres. En Santiago el Pinar se trabaja la técnica de telar de cintura basándonos en piezas tradicionales creando nuevas piezas textiles siempre sobre la base de la iconografía y formas locales. En Aguacatenango se aplica y reproduce la técnica de confección a mano y la unión por randas. En San Bartolomé de los Llanos se trabajan diseños antiguos, piezas que se portan en la fiesta y también en prendas utilizadas en la vida cotidiana por las tejedoras. En Acteal se ha innovado creando prendas con patronaje aplicando la iconografía antigua local.

En  Pantelhó actualmente se impulsa la siembra y tejido de algodón couyuche hilado en malacate por parte de compañeras de Zinacantán y San Juan Chamula para hacer posible que no solo se rescate el algodón sino se preserve la práctica del hilado en petet o malacate y  tejiendo piezas antiguas, estamos aún en una primer fase ya que realmente esto lo estamos haciendo desde lo local y desde los conocimientos que algunas mujeres y hombres recuerdan de los que las abuelas hicieron en el pasado, sin embargo tenemos aún mucho por hacer (ver figura 4).

En Oventik paraje que pertenece a San Andrés Larráinzar se trabaja con diseños de iconografía antigua elaborando piezas pequeñas como cuellos, esto para después crear blusas o vestidos que serán elaborados por la confeccionista Vicky Bonifaz que forma parte de Malacate Taller Experimental textil y que desde su disciplina hace posible las prendas nuevas que vamos creando. En Tenejapa actualmente se intenta trabajar con diseños de bordado local, sin embargo, estamos en una fase inicial reflexionando en las posibiliades que tenemos para poder aplicar la técnica en piezas distintas a las que las compañeras han elaborado hasta ahora. En San Juan Chamula se práctica el hilado y teñido de lana natural y tejida en telar de cintura. En Santa Marta la iconografía local es la que se está aplicando sobre soportes de diversas telas creando prendas nuevas. En Aldama tenemos el proyecto de elaboración de lienzos con iconografía antigua. En San Juan Cancuc se está experimentando sobre los diseños locales aplicando únicamente nuevas gamas de colores. Y en el municipio de Las Margaritas elaboramos exclusivamente la indumentaria que utilizan las mujeres, que son la falda y la blusa. Al mismo tiempo incluimos piezas con patronaje innovando con nuevas ideas para que las personas las pudieran utilizar en sus propios contextos culturales y a partir del 2102 comenzamos difundiendo nuestro proyecto por internet desde nuestra página de Facebook.

En ese año fue cuando se realizó la presentación formal de nuestra línea de indumentaria como Malacate Taller Experimental Textil dentro del marco de la plataforma Masdedos Bazar en San Cristóbal, espacio creado por diseñadoras y diseñadores textiles que trabajaban con tejedoras en la región, gracias a la diseñadora Claudia Muñoz, fundadora del proyecto Chamuchic, mis compañeras y yo pudimos incursionar dentro del nuevo contexto textil de proyectos emergentes en la región y en el país. Esta primer experiencia nos permitió ir entendiendo las nuevas relaciones entre actores, cómo eran las y los diseñadoras con las tejedoras y las nuevas formas de producción, procesos en torno a la práctica textil y de intercambio de conocimientos entre diferentes culturas.

Nuestro proceso de organización y experiencias vividas entre el 2012 y 2015 nos condujo a crear nuevas acciones para visibilizar de manera contextualizada el trabajo de nuestro colectivo y propiamente el arte textil de mis compañeras. Una de las primeras acciones fue buscar plataformas y lugares donde las personas estuvieran interesadas en saber sobre el arte textil y con la disposición para escucharnos, conocer y adquirir el trabajo de mis compañeras, también que estuvieran interesadas en conocer las culturas de las tejedoras y estar dispuestas a pagar el precio que ellas deseaban y consideraban era lo justo por su trabajo.

A través del respeto y reconocimiento a la diversidad de conocimientos hemos podido crear y descubrir  una manera propia para contar nuestra historia desde lo que tenemos y sabemos como colectivo conformado por mujeres indígenas y no indígenas, pero también para reflexionar sobre los desafíos y problemas a  los que nos enfrentamos día con día  no solo en nuestras comunidades, sino reflexionar sobre lo que otras mujeres y personas en nuestro país enfrentan a diario.

Bienvenidas!

Texto: Karla Pérez Canovas

Fotos y texto: Karla Pérez Canovas

Posts Relacionados

Dejar un comentario